Paisajes Valsalado 2014. Volviendo a las Raices de La Rioja

Ando buscando pequeñas bodegas de Rioja que hagan buenos tempranillos, como habrás podido comprobar si sigues este cuaderno desde hace más de un mes. Cuando David me sugirió este Paisajes Valsalado, pensé que no era de una bodega pequeña. Lo hace Miguel Ángel de Gregorio, un hombre curtido y buen conocedor del mundo del vino, pero que genera un volumen relevante y que, para mí, tiene el inconveniente adicional de que no siempre entiendo sus vinos.

Además de lo anterior, el tempranillo no es la variedad mayoritaria, comparte el ensamblaje con un 40% de garnacha, un 10% de graciano y otro tanto de mazuelo. Sin embargo, algo dentro de mí me dijo que merecía la pena probarlo, que tenía que interrumpir la línea de tempranillos riojanos para probar este vino. Si piensas que tampoco es para tanto, que no merece la pena darle tantas vueltas a probar un vino nuevo, tienes toda la razón, pero ya me irás conociendo. Tengo mente de economista cuadriculado y voy siguiendo los hilos como buen analista. Vamos, que soy flexible como el acero al tungsteno. Aún así no ha estado mal, romperé la línea de vez en cuando… si puedo.

Pero empecemos esta historia por el principio. En el siglo XIX, en La Rioja se elaboraban vinos de parcela, mezclándose en las viñas variedades diferentes con el objeto de garantizar la producción y de hacer un vino en que las diferentes variedades de uva aportaran beneficios al vino (color, acidez, estructura, etc.) La elaboración era parecida a la maceración carbónica actual, realizándose la fermentación de racimos enteros. Eran vinos parecidos a lo que hoy conocemos como vinos de cosechero.

Todo era paz y armonía en La Rioja, desconocedora de que, a unos cientos de kilómetros, un bichito muy simpático, la filoxera, estaba parasitando las vides de Burdeos. Este insecto tiene hijos muy malcriados, que se dedican a chuparle la savia a las cepas, produciendo tumores en las raíces y haciendo que la planta muera en unos tres años. Como ves, un bichito simpático.

El caso es que los comerciantes de Burdeos se vieron en la necesidad de encontrar vinos de características similares en una zona cercana. Hay que tener en cuenta que el estilo de Burdeos siempre fue realizar ensamblajes con uvas diferentes, normalmente merlot y cabernet sauvignon, y de varias zonas, tratando de mantener constante el estilo de la casa. Y, ¿donde fueron a buscar? Lo has adivinado, a La Rioja. Empezó de esta manera a elaborarse aquí al estilo de Burdeos, perdiéndose en cierta forma el factor “parcela” y disminuyendo las elaboraciones de cosechero.

Llegados a este punto, te preguntarás qué tiene ésto que ver con Paisajes de Valsalado. Y yo te lo explico, pero para eso tengo que presentarte a Quim Vila, el propietario de la famosa tienda de vinos y licores Vila Viniteca. Quim es uno de los mayores conocedores del vino español y, especialmente, de su comercio. He tenido la oportunidad de asistir a alguna cata coordinada por él y allí descubrí una faceta de su personalidad muy importante para que naciera este vino: es un gran detector de tendencias, impulsando personalmente aquellas en las que se siente más comprometido. Éste precisamente es el caso de este vino.

Con Paisaje Valsalado, Quim Vila encarga a Miguel Ángel de Gregorio un vino que exprese el viñedo del que procede, un vino de parcela que haga un guiño a las bodegas riojanas de antaño. Proceden las uvas con que se elabora este vino de una parcela en Briones, que plantó en su día el padre de Miguel Ángel. Cepas de cuatro variedades en la misma viña, a la antigua.

Paisajes Valsalado 2014 (40% tempranillo, 40% garnacha, 10% mazuelo, 10% graciano) DOCa Rioja, tiene una crianza de dieciséis meses en barricas de roble francés, efectuándose tres trasiegos para afinar el vino. En nariz aparecen aromas de fruta roja fresca, acompañadas por notas de hierbas aromáticas y algo de eucalipto. Alguna nota tostada, muy bien integrada. En boca es amplio, con acidez suficiente y un punto licoroso. Taninos algo secantes, marcados, les queda un poco por domar aún. Finaliza con notas balsámicas, dejando un amargor elegante con persistencia media.

Un vino con el que he disfrutado, animándome a seguir buscando estas colaboraciones entre los Vila y los De Gregorio, que en esta ocasión me han dado una buena alegría. Estoy seguro de que por aquí encontraré nuevas historias.

2 Comments

  1. Hola Vicente,
    apuntas una cuestión curiosa en esto del vino. Dices que no siempre entiendes los vinos de este elaborador. Entender un vino. Si lo tenemos que entender… hay un problema.

    Saludos,

    Jose

  2. Hola Jose,

    Me has pillado. He querido pasar de puntillas por ese tema utilizando un eufemismo y puede que no haya sido del todo claro. Hablando en plata, hay vinos de De Gregorio que no me gustan demasiado, porque me parece que tienen un notable exceso de madera. Tampoco los he probado con años, como para poder dar una opinión con más fundamento. Espero haber aclarado ese punto.

    Saludos,
    Vicente

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