Vida entre Vinos

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EL BLOG DE VINOS PARA LA GENTE CORRIENTE

¡Bienvenido a Vida entre Vinos! Puede que pienses que para acercarse al excitante mundo del vino hay que tener cualidades sobrenaturales o que introducirte te convertirá en un snob insoportable, que mirará con desdén a alguien que disfrute con un tinto con gaseosa. ¡Nada más lejos de la realidad! Por el contrario, sin dejar de ser capaz de gozar con una buena copa, te hará más consciente de tus gustos y te ayudará a tener una mayor independencia de las marcas. ¿Te apuntas? ¡Empecemos por el principio!

¿Qué es el vino?

Según la reglamentación de la Unión Europea, “es el producto resultante de la fermentación alcohólica total o parcial del jugo de uvas sanas y maduras”.

Baco, el antiguo dios de los vinos
Baco, el antiguo dios romano del vino

En la legislación española se va un poco más allá, considerando el vino como un alimento y definiéndolo concretamente como “el alimento natural obtenido, exclusivamente, por la fermentación alcohólica total o parcial, de uva fresca, estrujada o no, o de mosto de uva”.

Como ves hay algunos matices que diferencian las definiciones: la consideración de alimento y la exclusividad de la uva como base del vino. Ya verás como más adelante te das cuenta de su importancia, si es que no lo has hecho ya.

El vino ha tenido gran importancia en las culturas desde la antigüedad. Ya los egipcios consideraban el vino como un regalo de los dioses, siendo Osiris el responsable del vino y la cerveza. Te sonarán más Dionisio o Baco, que respectivamente en la mitología griega o romana, eran los dioses de la alegría y de los banquetes. En estas épocas históricas, el vino era fundamental en las relaciones personales, en la “relajación” de costumbres y en general en la alimentación.

No ha cambiado mucho en eso el vino hoy día. Se le sigue relacionando con la extroversión y la alegría, con la superación de inhibiciones y la amistad. No debemos sin embargo “endiosarlo” demasiado. El vino es, como dice la legislación española, un alimento. Tenía su sitio habitual en las mesas de las casas españolas y por desgracia va siendo relegado cada vez más a celebraciones y ocasiones especiales. Una pena, pero… ¡podemos poner remedio!

La cultura del vino

Uno de los problemas con los que se encuentra el vino hoy día es el profundo desconocimiento que el español medio tiene de este mundillo apasionante. Habrá quien diga que para disfrutar una copa de un buen cava no hace falta haber hecho ningún curso. No seré yo quien le quite la razón. Pero si le diré que si conociera alguna bodega, algún viñador, si tuviera algún conocimiento básico sabría por qué ese vino de aroma amable y burbuja fina, le parece mejor que el espumoso de euro y medio que compró de oferta su cuñado en el supermercado.

Una muestra de cómo anda nuestra cultura enológica la podíamos hacer con una serie de preguntas en una encuesta imaginaria:

¿El mejor vino es de Ribera del Duero o de Rioja?

Preguntemos en Madrid, por la calle Príncipe de Vergara, por ejemplo, en qué región se hace el mejor vino de España. Estoy convencido de que un porcentaje altísimo respondería en Rioja o Ribera del Duero. Si le pides una razón, probablemente te dirá que es el que más le gusta, sin pararse en más argumentos.

La mayoría de las personas sufren tal influencia de la marca o la etiqueta, que probablemente si les taparan la botella, su elección puede que no coincidiera con lo que en principio hizo. Pero es que además, con esta simplificación tremenda, se perderían grandes vinos. Incluso cercanos a esas zonas, como en la misma Castilla y León.

¿Cuándo hay que consumir el vino blanco?

Esta pregunta es un poco más para nota, pero entre los que nos respondan estoy convencido que habrá muchos que mantendrán que los blancos hay que consumirlos muy pronto después de la cosecha. Asunción que no siempre es cierta. Hay muchos aficionados a los vinos de Rias Baixas, por ejemplo, a los que nos gusta guardar un par de años o tres las botellas en la bodega. De esta forma, se rebaja un poco la acidez y el vino gana en complejidad.

Factores como la crianza, que las uvas procedan o no de cepas viejas y muchas particularidades de la elaboración tienen gran influencia en el potencial de guarda. El consejo de un experto y la experiencia nos irán diciendo el tiempo que podemos conservarlo. Yo he bebido algún blanco sin crianza en madera con más de 10 años y estaba espectacular.

Los vinos de Jerez, ¿con que comidas van bien?

La creencia general es que los finos y olorosos son vinos que más allá del aperitivo no tienen sitio. No seré yo el que diga que no le gusta un fino con un buen jamón al lado. Sin embargo, no podemos quedarnos ahí. Nos estariamos perdiendo las maravillosas posibilidades que tiene este vino con la gastronomía oriental, por ejemplo. También nos perderíamos sus posibilidades de maridaje con algunas verduras imposibles, como las alcachofas y los espárragos. ¿No se trata de disfrutar?

¿Es mejor un vino de crianza o uno de reserva?

Esta ya sí que es para nota, la mayoría de la gente piensa que un vino gana por el mero hecho de pasar más tiempo en una barrica de roble. ¡Ni que la madera fuera capaz de eliminar los defectos! Mucho me temo que en la mayoría de los casos sólo los cubre. De lo que si es capaz es de convertir  un vino mediocre en una horrorosa sopa de roble. Por desgracia, me ha tocado beber alguno de esos.

La crianza en madera mejora el vino en algunas condiciones, como veremos más adelante, pero sólo si tenemos una uva sana y en su punto de madurez, si se tiene el tiempo justo y se usa el barril adecuado.

La tierra y el vino. Aumentando la pasión

Como has visto, en poco tiempo, hemos sacado a la luz algunas creencias que probablemente tenías. Hemos dado un primer paso (importante) en el camino de la pasión por el vino. ¿Quien sabe? Igual en poco tiempo coincidimos por algún evento (avísame si vas a alguno por Madrid). Tal vez en alguna tienda tratando de aumentar nuestra colección de vinos o simplemente buscando alguna botella para el fin de semana.

Estos eventos y esas charlas con tu “tendero de guardia” te irán metiendo el gusanillo en el cuerpo, pero lo que a mí me enganchó por completo fue “pisar la tierra”. Comprobar la unión que el viñador tiene con sus campos, con sus cepas. Casi se diría que conoce a cada una. Esto se da de una forma especial en los elaboradores de vinos naturales, que para sacar sus viñas adelante tienen que estar mucho más pendientes, para detectar en el momento inicial cualquier problema que pueda haber.

Sigamos en este paseo inicial por los conocimientos básicos. Demos un paso más:

¿Cómo se hace el vino?

Conocer los aspectos básicos de la elaboración del vino nos ayudará a descubrir de donde vienen las características que hacen que nos guste y a comenzar a diferenciar un vino de calidad de otro que no lo es tanto. También a darnos cuenta de que hace a un vino tener personalidad y no ser un mero producto industrial, que pudiendo ser correcto, en cuanto demos unos pasos, veremos que no nos dice demasiado.

Siguiendo estos pasos podríamos hacer incluso, ¡un vino casero!

El vino se hace en la viña

Esta afirmación es quizás una simplificación excesiva. Si a mí me dan uvas de la mejor viña del mundo para que elaborara, mucho me temo que el vino resultante iba a ser una castaña. Hay muchos aspectos a tener en cuenta y muchos conocimientos necesarios para hacer un buen vino. Sería más correcto decir, el vino se empieza a hacer en la viña.

Sin embargo, la escucharás con frecuencia. Posiblemente tenga que ver con un cambio de mentalidad en algunas de nuestras bodegas. Antes había quien pensaba que con una uva de calidad media y un gran enólogo estaba todo hecho. Se daba una extraordinaria importancia al trabajo en bodega. Posiblemente en el término medio esté la verdad.

De lo que no hay duda es que es imprescindible tener una uva de buena calidad, sana y en su punto óptimo de madurez para hacer un vino excelente. Que tenga personalidad, que refleje la tierra.

Buen vino necesita uvas en buen estado
Uvas sanas para hacer un buen vino

Para conseguir esto, el cultivo debe realizarse sin una excesiva intervención. El riego, el exceso de abonos, especialmente sintéticos, los tratamientos “preventivos” contribuyen a que los vinos vayan volviéndose planos, carentes de personalidad. Prueba a beber un par de verdejos o albariños de supermercado, de los de menos de cinco euros la botella. Te darás cuenta de lo que te estoy diciendo. Vinos clónicos, carentes de interés.

El no tratar de controlarlo todo, el dejar que la tierra utilice sus “herramientas”, apoyándola, conociéndola, respetándola es lo que nos producirá vinos interesantes, personales, con sabores únicos. No cabe duda que con un mayor riesgo, que es difícil de asumir para una gran bodega que “tiene” que sacar al mercado unos cientos de miles de botellas.

Cuando tenemos esas uvas cuidadas con esmero, en su punto, llega el momento de la vendimia. Este es uno de los momentos importantes, en los que la decisión del viñador, que sabe el tipo de vino que se va a hacer, es fundamental. Comienza la cosecha.

De la uva al mosto

Recogida la uva y transportada a la bodega, se realiza la prensa, con una maceración previa si el vino aelaborar es tinto. Hay que tener en cuenta que la parte de la uva en la que están los pigmentos colorantes es en la piel. Por esta razón en los vinos tintos se deja en contacto el mosto inicial que se produce por la presión de las uvas con los hollejos. Si el vino fuera un rosado, la maceración sería mucho más corta, de tan sólo unas horas.

Tras la prensa se decanta le mosto, retirando los hollejos.

La fermentación alcohólica

Se produce en el mosto una reacción, en la que intervienen unas bacterias o levaduras. En este proceso, el azúcar fundamentalmente en alcohol etílico, anhídrido carbónico y calor. La fermentación continúa hasta que no queda más azúcar, la temperatura sube de un nivel determinado o la concentración de alcohol supera cierta graduación.

En el caso de un blanco joven, ya tendríamos nuestro vino casi listo, para los tintos podría quedar un paso más.

La fermentación maloláctica

Hay un componente en el vino que resulta tras la fermentación alcohólica que aporta una acidez vibrante, el ácido málico.  Puedes saber cómo es el sabor de este ácido mordiendo una manzana Granny Smith algo verde (málico viene del latín malus que significa manzana). En muchos vinos blancos, dependiendo de la variedad de uva con que se haga, este extra de acidez es deseable. En los tintos prácticamente nunca.

Para eliminar el ácido málico, se favorece que se produzca la fermentación maloláctica, en la que se transforma el ácido málico en láctico, mucho más amable.

¡Ya tenemos nuestro vino joven casi listo para el consumo!

Si lo que perseguíamos en la elaboración era un vino con crianza, aún nos queda trabajo.

La crianza del vino

Si nuestro vino joven tiene las características necesarias (acidez, tanicidad, entre otras) podemos someterlo a la crianza en madera.

El oxígeno es uno de los peores enemigos de nuestro vino. De hecho, si al descorchar una botella ves que la mancha de vino ha llegado hasta el extremo la posibilidad de que este estropeado es muy alta. El aire habrá entrado en contacto con el vino y lo habrá oxidado. Puedes detectarlo por un cierto olor a brandy.

Con la crianza lo que se consigue es que el aire entre muy lentamente a través de los poros de la madera y las juntas de las duela. De esta forma, se produce la micro-oxigenación del vino, que hace que evolucione de forma lenta, estabilizándolo y haciéndolo más complejo.

barricas para la crianza de los vinos
Barricas para la crianza de vino

En este proceso decrecen la acidez y la tanicidad. Es por esto que siel vino no tenía las condiciones oportunas quedará plano y muy soso, sin ningún interés. Si pruebas algún vino de reserva del supermercado de menos de cinco euros, verás rápidamente de que estoy hablando. Si tiene acidez, será porque le han añadido ácido tartárico y entonces el brebaje está garantizado y el dolor de cabeza del día siguiente también.

El tiempo de crianza depende de las características del vino y del producto que quiere elaborar el enólogo. No hay reglas fijas, cada cosecha y cada variedad de uva son diferentes y necesita tratamientos diferentes.

En la historia del vino ha habido otros procedimientos de crianza, mediante ánforas de barro, por ejemplo. Pero hoy día, aunque estos procedimientos ancestrales se están volviendo a utilizar, la crianza en depósitos de madera sigue siendo mayoritaria.

El azufre en el vino

Habrás visto en casi la totalidad de las botellas pone el aviso “contiene sulfitos”. El anhídrido sulfuroso es un compuesto que se produce en el vino de forma natural y que contribuye a la estabilización del vino. La mayoría de las bodegas, no obstante, añaden cantidades variables de sulfuroso a la uva, al mosto y/o al vino antes de embotellarlo. Se busca de esta forma mejorar la estabilidad del vino.

En ocasiones, el exceso de adición también ocasiona dolores de cabeza y en mi caso el estómago se resiente. Por eso suelo beber vinos cuyos elaboradores no se pasan con este compuesto. De nuevo, el consejo del experto y la experiencia propia son fundamentales.

Ya sólo queda, si se considera necesario, filtrar y clarificar. Botella y corcho y… hemos terminado.

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LOS DIFERENTES TIPOS DE VINOS

¿Cuáles son los tipos de vinos de acuerdo con su color?

Vinos tintos

Son vinos elaborados con uvas tintas. En ellos se deja macerar el mosto con el hollejo, habitualmente durante toda la fermentación.

Vinos blancos

Aunque te pueda parecer sorprendente, el vino blanco no sólo se hace con uvas blancas. Quizás te suene haber leído en alguna botella de champán o cava “blanc de noirs”. En francés significa blanco hecho con uvas tintas.

Y es que la pulpa de todas las uvas para vino, con la excepción de la garnacha tintorera, es blanca. Las sustancias que dan color, los polifenoles, se encuentran en los hollejos. Para que un vino tenga color, es necesario dejar macerar el mosto con los hollejos. Aun así, podrás apreciar en el vino algunos reflejos rosados.

En los vinos blancos, después del prensado, se decanta el mosto. La fermentación se produce sin que el mosto entre en contacto con los hollejos. El color va desde amarillo muy pálido, incluso verdoso en vinos jóvenes. En lo que tienen crianza, el color puede llegar hasta amarillo dorado.

Entre los vinos blancos, podemos considerar dos tipos:

Vinos amarillos (vin jeaune)

Son un tipo de vino blanco elaborado en la región francesa de Jura. Se hace con uvas blancas vendimiadas de forma tardía y con crianza en roble bajo velo de flor.

Vinos naranja

Se elaboran a partir de uvas blancas en las que se deja macerar el mosto con los hollejos durante la maceración. El color del vino es amarillo intenso, llegando hasta el naranja, dependiendo de la variedad de uva y la crianza.

Vinos rosados

En ellos se deja macerar el mosto con los hollejos tan sólo unas horas. El tiempo de maceración tiene una relación directa con la intensidad de color. Van desde un naranja similar al de la piel de una cebolla a rosa fresa intenso.

Claretes

Es un tipo de rosado en el que la elaboración se realiza con mezcla de uvas blancas y tintas. El mosto se deja macerar con los hollejos durante toda la fermentación, pero al haber una gran proporción de uva blanca en el vino,  no llega a obtener color de tinto. Sin embargo, por su forma de elaboración la percepción en boca es muy diferente al del rosado más habitual. Normalmente son vinos frescos y con buena intensidad de sabor.

Tipos de vinos según tengan o no gas carbónico disuelto

Los vinos que no tienen gases disueltos se denominan vinos tranquilos y entre ellos están la mayoría de los que bebemos habitualmente.

Si tienen anhídrido carbónico disuelto estamos ante vinos espumosos. Existen varios tipos de espumosos, según su elaboración:

Método Tradicional

Básicamente, una vez que se ha elaborado el vino base, que puede ser blanco, tinto o rosado, se le somete a una segunda fermentación en botella. Para ellos se les añade, lo que se llama el licor de tiraje, que es fundamentalmente una parte de vino base, levaduras, sacarosa y ácido cítrico.

El anhídrido carbónico producido en la segunda fermentación en la botella cerrada, aumenta la presión interior y se disuelve en el vino. Es por esta razón que las botellas de espumosos y sus corchos son más resistentes que en los vinos tranquilos.

Para eliminar los residuos sólidos de la fermentación se realiza el degüelle de la botella en la que fermentó el espumoso. Posteriormente se le pasa a la botella en que se comercializa el producto.

Método Charmat o Granvas

La segunda fermentación se realiza en grandes tanques y cuando el vino está ya gasificado se embotella. Es un método más sencillo y económico que el anterior.

Método Ancestral

En los vinos elaborados con este método se para la fermentación del vino base cuando aún hay azúcar.  A continuación, se produce la segunda fermentación en botella con ese azúcar residual.

 Método Asti

En este caso se para la fermentación bajando la temperatura y manteniendo el vino así durante unos doce meses. Posteriormente, en depósito, se sube la temperatura hasta unos 18º y se añaden levaduras. Una vez que se obtiene la presión de gas deseada, se embotella.

Método Ruso o Contínuo

El vino, rico en azúcares y levaduras, se hace circular por una serie de depósitos. En ellos se va realizando la fermentación, clarificación y estabilización. El vino, ya espumoso, puede guardarse en un depósito tampón hasta el embotellado.

Método Transfer

La elaboración es similar a la del método tradicional, pero después de la segunda fermentación las botellas se vacían en un depósito. En este recipiente se eliminan los residuos sólidos, procediéndose al embotellado posteriormente.

Método de Gasificado

El gas se introduce en el vino de forma industrial.

Tipos de vino dependiendo del azúcar residual

Según el vino tenga o no azúcar residual, procedente de la fermentación, los vinos se clasifican en:

Secos. Con menos de 5g/l de azúcar residual.

Semisecos. Entre 5 y 30 g/l.

Semidulces. Entre 30 y 50 g/l.

Dulces. Más de 50 g/l.

Los espumosos tienen también una clasificación dependiendo del azúcar residual que tienen. En los champanes y cavas es la misma:

Brut Nature. Menos de 3 g/l de azúcar residual.

Extra Brut. Menos de 6 g/l.

Brut. Menos de 12 g/l.

Extra Seco. Entre 12 y 17 g/l.

Seco. Entre 17 y 32 g/l.

Semiseco. Entre 32 y 50 g/l.

Dulce. Más de 50 g/l.

En los espumosos italianos prosecco, solo existen las clasificaciones brut, extra seco, seco y semiseco. No se consideran las clasificaciones con menos azúcar residual. En general, el contenido en azúcar de los espumosos italianos es mayor y su perfil más comercial.

Tipos  de vinos según las variedades de uva utilizadas en la elaboración

Se clasifican en monovarietal o de ensamblaje, ya se utilice en la elaboración un solo tipo de uva o varias. Normalmente en la etiqueta de los monovarietales se incluye el tipo de uva utilizado. La legislación europea permite clasificar un vino como monovarietal si en la elaboración se usa un único tipo de uva al menos en el 85% del total.

Hay casos extremos, como los de la denominación francesa Chateauneuf du Pape. Hay vinos de esta denominación en los que en el ensamblaje se pueden usar hasta 13 variedades diferentes de uva.

¿Cómo se clasifican los vinos dependiendo de su crianza en madera?

En España es común que las denominaciones de origen clasifiquen los vinos de acuerdo con su envejecimiento. Para acceder a cada clasificación el vino debe pasar unos tiempos mínimos de crienza en barrica y en botella.

Los vinos de crianza pasan entre 6 y 12 meses en barrica (dependiendo de la DO), y completan hasta dos años en botella. Es decir un vino de la cosecha 2015 no podría venderse como crianza antes de 2017.

Los de reserva pasan un mínimo de un año en barrica y completan hasta tres en botella.

Los grandes reservas, un mínimo de 18 meses en barrica y pueden comercializarse en su sexto año.

Existen también los denominados roble, que pasan un cierto tiempo de envejecimiento en barrica, sin llegar al necesario para ser crianza. Se persigue ganar en complejidad del vino, sin que sea necesario tener el producto inmovilizado tanto tiempo.

Vinos generosos

Son un tipo de vinos, que se someten a procesos especiales, normalmente el encabezado (adición de alcohol vínico), para contener un porcentaje de alcohol más elevado de lo normal. De esta forma se gana en estabilidad.

Los vinos generosos suelen estar en el rango entre 15º y 23º, mientras que los vinos tranquilos no suelen superar los 14.5º.

Existen generosos en Madeira, Oporto, Marsala y en Andalucía, en Jerez y Montilla-Moriles. Como ejemplo y dado que soy andaluz, voy a tratar de forma particular los generosos de mi tierra.

Tipos de vinos generosos andaluces

  • Manzanilla. Es un blanco seco, elaborado con uvas palomino y sometido a crianza bajo velo de flor (crianza biológica) en bodegas de Sanlúcar de Barrameda.
  • Fino. Al igual que la manzanilla, es un blanco seco, en cuya elaboración se usan uvas palomino y envejecido bajo velo de flor con sistema de soleras y criaderas. Entre tú y yo, para un aficionado es extraordinariamente difícil diferenciar entre finos y manzanillas.
  • Amontillado. Es un blanco seco, que al principio tiene una crianza biológica, bajo velo de flor y posteriormente el velo de flor desaparece, sometiéndose a la oxidación (crianza oxidativa).
  • Oloroso. Es un vino que desde el principio se somete a crianza oxidativa, encabezándolo hasta los 17º. El velo de flor desaparece, por no soportar las levaduras una concentración de alcohol tan alta.
  • Palo cortado. Es un vino, que tras haber sido sometido a crianza biológica, el enólogo observa que sus características no lo hacen óptimo para fino. Le someten entonces a crianza oxidativa, como si fuera un oloroso.
  • Pale Cream. Es un generoso de licor. Se obtienes añadiendo a un vino de crianza biológica (fino o manzanilla), mosto concentrado.
  • Medium. Se elaboran añadiendo a un vino de crianza mixta biológica y oxidativa, normalmente amontillado, un vino dulce natural.

 

LA CATA DEL VINO

Al hablar de la cata de vinos hay una primera cosa que me gustaría que quedase clara: todos somos capaces de catar un vino. Bueno, menos los que padecen una enfermedad que se llama anosmia.

Te doy instrucciones de cómo saber si es tu caso. Coge un frasco de un detergente con amoniaco con el brazo extendido y ve acercándolo a tu nariz muy poco a poco. Si llega un momento en que arrugas la nariz y lo alejas, estamos de enhorabuena. Podías haberlo hecho con un perfume. Aún así, estoy convencido de que  mi recuerdo permanecerá durante más tiempo usando este método.

La habilidad de catar sólo necesita de un mínimo de instrucción que se puede conseguir en una cata de iniciación, en poco tiempo. También hace falta experiencia y esto ya se va ganando con un poco más de tiempo.

Catar un vino es apreciar, de la manera más objetiva posible, sus características sensoriales. Para extraer la información, se utilizan en la cata los sentidos de la vista, el olfato, el gusto y el tacto. ¡No! ¡Con los dedos no! Con el interior de la boca.  Sigue leyendo, anda.

Fases de la cata

Para catar, hay que disponer de una copa con forma de tulipán con capacidad mínima de unos 330 centímetros cúbicos.  Vamos a ver de forma muy somera cómo es el mecanismo de la cata.

Se llena la copa hasta un cuarto de su capacidad aproximadamente. A continuación,  puedes empezar el análisis:

Fase visual

Lo primero que hay que analizar es el corcho. Especialmente hay que ver si la mancha de vino en la superficie llega hasta el extremo superior. En ese caso la probabilidad de que el vino se haya estropeado por haberle entrado aire y haberse oxidado.

A continuación se observa si el color del vino es brillante. Posteriormente, inclinando la copa sobre una superficie blanca, se observa el ribete. En el caso de los blancos jóvenes debe tener un color casi transparente. Un color amarillo más intenso nos da pistas de que se trata de un blanco más añejo.

En el caso de los vinos tintos el ribete es de color violeta en los vinos jóvenes. Según aumenta la edad del vino va pasando de azul a rojo y de ahí a anaranjado o teja.

Otro aspecto interesante es agitando con cuidado la copa (prometo escribir un post con instrucciones de como quitar las manchas de vino) y observar como las lágrimas se van deslizando sobre la pared de la copa. La velocidad con que se mueven es una indicación de la cantidad de glicerina del vino y de su graduación alcohólica.

Fase olfativa

La realizamos en dos partes:

Una primera con la copa parada, en la que valoramos la intensidad. Vemos también si el vino tiene algún defecto. Si percibimos olor a cartón mojado o a humedad el vino probablemente tenga el corcho contaminado (TCA). Si el olor es a azufre o a huevos en mal estado, probablemente tenga un exceso de sulfuroso (una sustancia que en la mayoría de los casos se añade para estabilizar el vino).  En ese caso es conveniente airear el vino y esperar un poco.

En la segunda, con la copa sobre la mesa dibujamos círculos con la base para impregnar las paredes. De esta forma aumentamos la superficie del vino expuesta y percibimos más componentes volátiles. Comprobamos, a grandes rasgos, si es un aroma que detectamos con más o menos facilidad, estamos probablemente ante un vino poco complejo. Si es una mezcla de aromas en los que nos es más difícil separar o identificar uno, estamos ante un vino de mayor complejidad. El aroma de estos vinos más complejos es lo que se conoce por bouquet.

Fase gustativa

Tomamos un trago no demasiado grande, sin ahogarnos y mantenemos el vino en la boca. Buscamos básicamente:

  • Equilibrio. El sabor dulce o amargo del vino debe estar compensado con la acidez. Un vino poco ácido es plano y poco interesante. Si lo es en exceso, puede resultar desagradable.
  • Intensidad del sabor. Hay que conjugarlo con la “calidad” del sabor. Si un vino sabe a pimiento verde, aunque sea de forma muy intensa, evidentemente no es nada positivo.
  • Suavidad. Todos hemos tenido alguna vez la sensación de un vino que “rasca”. Un buen vino debe pasar con suavidad, sin que las encías o la lengua se sequen. En ocasiones, si en el vino hay acidez presente, podemos haber abierto la botella demasiado pronto.
  • Amplitud. Pasamos el vino por la boca y después de tragarlo observamos en que parte nos queda recuerdo del vino. Normalmente los vinos de poca calidad dejan poca impresión en la boca, si acaso algo en la parte delantera. Los buenos vinos se notan porque parece que llenasen la boca.
  • Persistencia. Los buenos vinos dejan el sabor en la boca durante varios segundos. El tipo de uva con que el vino está hecho también influye. Los elaborados con pinot noir suelen tener una persistencia alta.

Organizar una cata

Puede ser una actividad tremendamente divertida y no tiene por qué ser difícil de organizar una entre amigos. Sin embargo, para que resulte bien hay que tener en cuenta algunos detalles que pueden ayudar a mejorar la experiencia.

  • Es mejor que haya un tema que guíe. Por ejemplo, vino de una misma bodega, con diferentes tiempos de crianza. Eso ayudará a que apreciéis las diferencias y lo hará más gratificante.
  • Elegir vinos de precios parecidos. Eso os ayudará a disminuir la influencia que, sin duda, ejercerá la etiqueta.
  • Una copa por vino. En muchas ocasiones los vinos van a necesitar airearse un poco y coger temperatura. Es mejor dedicarles un poco de tiempo y apreciar cómo van evolucionando.
  • Prepara unos colines. Durante la cata es mejor no comer nada, el gusto se satura con facilidad. Sin embargo, un alimento neutro como los colines pueden ayudarte a “resetear” la boca y a apreciar mejor los vinos.
  • Las catas ciegas no siempre son la mejor idea. Muchas veces, aficionados con poca experiencia piensan que la mejor forma de descubrir cuál es el mejor vino es tapar las etiquetas. El resultado suele ser que el vino más comercial sea el que quede mejor.

Pienso que es mucho mejor ir descubriendo las diferencias entre los vinos, sin complicarse mucho. Eso ayudará mejor a ser capaces de ir afinando los gustos.

Dicho todo esto, hay que tener en cuenta que en el vino todas las opiniones son válidas. Entre amigos se trata de debatir y descubrir lo que de verdad te gusta, que no es tan obvio como a primera vista pueda parecer.

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Ribera del Duero tiene fama entre los aficionados de vinos muy concentrados y en los que la madera no deja percibir la fruta con claridad. Como casi todas las afirmaciones categóricas, está bastante lejos de la verdad y es especialmente injusta con aquellos elaboradores que elaboran vinos de una calidad más que contrastada. Me vienen a la cabeza mis amigos de Alonso del Yerro y los de De Blas Serrano, por citar algunos cuyos vinos están cerca del perfil más bordelés de la Ribera, y con cuyos vinos he disfrutado muchísimo. Abanderando unos vinos algo más ligeros, pero de gran elegancia y muy bebibles, también me gustaría mencionar a Alfredo Maestro, que elabora en la zona, aunque no esté dentro de la denominación. Sus vinos me gustan desde hace ya tiempo, como puedes comprobar en una de las primeras entradas de este cuaderno.

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La Locomotora Crianza 2014. La Etiqueta que me Hizo Catar un Vino

Es curiosa la forma en que La Locomotora Crianza 2014 consiguió ponerse el primero en la serie de catas de vino. Cómo bien sabes llevo una temporada explorando tempranillos de La Rioja. Tengo unas cuantas botellas esperando en el trastero y las voy eligiendo sin ningún orden concreto. Voy mirando las botellas y la que pulsa el ánimo es la siguiente. En La Locomotora me llamó mucho la atención la etiqueta. Probablemente no gane ningún concurso de diseño. Pero el color azul brillante, la locomotora de vapor y el recuerdo a la Navidad que me produjeron los adornos brillantes captaron mi atención rápidamente. Me gusta también la referencia al ferrocarril, de tanta importancia para el desarrollo del comercio de los vinos de Rioja. No en vano la mayoría de los barrios de bodegas en estos pueblos están alrededor de la estación local.Seguir leyendo

Paisajes Valsalado 2014. Volviendo a las Raices de La Rioja

Ando buscando pequeñas bodegas de Rioja que hagan buenos tempranillos, como habrás podido comprobar si sigues este cuaderno desde hace más de un mes. Cuando David me sugirió este Paisajes Valsalado, pensé que no era de una bodega pequeña. Lo hace Miguel Ángel de Gregorio, un hombre curtido y buen conocedor del mundo del vino, pero que genera un volumen relevante y que, para mí, tiene el inconveniente adicional de que no siempre entiendo sus vinos. Seguir leyendo